Manuelita Saenz... La concubina del Libertador? o El poder detrás del poder? I parte

5 oct. 2008


Esta mujer Ecuatoriana compañera de Bolívar de quien se conoce muy poco antes de su vida con el libertador.

Al parecer nació en Quito en 1797 y terminó sus días en Paita, Perú en 1856. La fecha exacta de su nacimiento, al igual que la de su muerte, es incierta. En algunos libros se lee 1797-1856, en otros, 1798-1859, otros dicen que iba con el siglo. Su lugar de origen tampoco se sabe con certeza, esto ni a ella misma le importaba, pues declaraba: «Mi país es el continente de América. He nacido bajo la línea del Ecuador». Sin embargo, el dato más aceptado es como anotaba inicialmente, Quito, 1797 - Paita, 1856. Su padre fue Simón Sáenz y Vergara, un español miembro del Concejo de la ciudad de Quito, capitán de la milicia del rey y recaudador de los diezmos del reino de Quito, casado con Juana María del Campo. Joaquina Aispuru era su madre, quiteña, que legó a Manuela el odio de su familia por haberla deshonrado con un amor ilícito.



Manuelita fue educada en el convento de las Conceptas, donde pasó sus primeros años bajo la tutela de la superiora, Sor Buenaventura. Sus talentos y dones especiales hicieron que su padre le llevara de visita a la casa que compartía con su esposa, Doña Juana del Campo y Larraondo, quien siempre trató a la niña como la "ilegítima", allí nació un profundo lazo de amor con su hermano de padre, José María Sáenz. Luego de haber completado su formación con las Conceptas, pasó al convento de Santa Catalina, para concluir con la formación que en ese tiempo se impartía a las señoritas de Quito. En el internado estaban jóvenes de las más importantes familias de la ciudad. En ese lugar aprendió a bordar y a elaborar dulces que son los que le mantendrían en sus años de exilio en Paita, además de aprender a comunicarse y expresarse en español, inglés y francés.

El profesor de ciencias francés Boussingault la describe en sus memorias así: “Manuelita no confesaba su edad. Cuando la conocí parecía tener de 29 a 30 años; estaba entonces en todo el esplendor de su belleza no muy clásica: bella mujer, ligeramente rolliza, de ojos pardos, mirada indecisa, tez blanca y sonrosada y cabellos negros. Su manera de ser era bien incomprensible; tan pronto lucía como una gran señora, o como una “ñapanga” (mulata) cualquiera; bailaba con igual perfección el minuet o la “cachuca” (el cancán). Su conversación no tenía ningún interés, cuando se salía de los adornos galantes; era burlona, pero carecía de gracia; ceceaba ligeramente con intención, como lo hacen las señoras del Ecuador. Tenía un secreto atractivo para hacerse adorar y el doctor Cheyne decía de ella: “¡es una mujer de una conformación singular!”; jamás le pude hacer explicar cómo estaba conformada”.

"Caballeresa del sol" fue el nombre que recibió Manuela Sáenz, el 23 de enero de 1822, al recibir la más alta condecoración, la Orden del Sol, que el Perú revolucionario concedía a los militantes de la causa patriota, por haber convencido a su medio hermano, un capitán del regimiento de Numancia del ejército realista, y a los demás oficiales de la unidad, para que se pasaran al campo de los patriotas.

Esta historia continuara…

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