Manuelita Saenz... El poder detrás del poder? o La concubina del Libertador? II parte

26 oct. 2008

Como lo prometido es deuda, aquí la segunda parte de la reseña sobre Manuelita Saenz…


"La Sáenz", como la llamaban despectivamente los que no la querían, y como ella misma se llamaba para demostrar su desprecio por ellos y por las «preocupaciones sociales, inventadas para atormentarse mutuamente», según sus palabras. "La libertadora", "Amable loca", "Manuelita la bella", son otros de los calificativos con los que se le conoce a la mujer que acompañó a Bolívar en los últimos ocho años de su vida (1822-1830), que promovió activa y beligerantemente la independencia del territorio suramericano.

En 1822, con 24 años, Manuela era la esposa del médico inglés, James Thorne y la señora de una gran casa en Lima pues en esta ciudad no se sabia que era hija “ilegitima”.


Ese año, Manuela Sáenz regresó a Quito, al encuentro del Libertador y de la proclama de la libertad de la ciudad, incorporandose oficialmente el país a la República de la Gran Colombia. El 16 de junio de 1822, en el baile de gala de la celebración, conoció a Simón Bolívar… Desde ese día, se convirtió en su sombra: fue la última mujer con quien Bolívar sostuvo un amor continuo, fue su confidente, cuidó y salvaguardó sus archivos, protegió su vida y sus intereses políticos fueron los de ella… Pero su regreso a una ciudad que la había despreciado por haber abandonado el convento en 1815 y su cercanía con Bolívar, hizo que su condición de hija ilegítima fuera esgrimida con vehemencia por una sociedad intolerante que siempre la llamó "bastarda" y la expulsó de su seno. Ahora volvía a hacerlo, pues Manuela repetía la historia con el Libertador. Desde este día, la vida de Manuela se regiría por la de Bolívar…



En 1823 Bolívar fue a Lima para poner fin a la guerra civil y allí se instaló Manuela, que sabía moverse tanto entre la "buena sociedad" de Lima, como entre los comerciantes (ingleses y limeños) y los patriotas y estar al tanto de lo que pasaba o podía pasar en la ciudad.

En octubre de ese año fue incorporada en forma oficial al Estado Mayor de Bolívar y encargada de los archivos personales del Libertador otorgándosele el grado de coronela, por lo que vistió casaca azul, vueltas y cuello rojos y en la batalla de Ayacucho (1824), Manuela siguió a Bolívar a discreción por los Andes.

El 1 de diciembre de 1827 salió para Bogotá, ante la solicitud de Bolívar de reanimar «una vida que está expirando». Enfrentando un grupo grande de detractores, entre los que se encontraban Francisco de Paula Santander y José María Córdova, sus enemigos declarados.

En 1828, Manuela celebró el cumpleaños de Bolívar en la Quinta, donde se realizó un fusilamiento simbólico de Santander, «ejecutado por traición», según rezaba el letrero colgado del muñeco... Y todo parece indicar que la descarga se escuchó perfectamente en todo Bogotá, por lo cual, la política de reestructuración de la República que adelantaba Bolívar, estuvo a punto de derrumbarse.



En agosto de ese mismo año, se fue a vivir a la casa marcada con el número 6-18 de la calle 10, para estar más cerca al Palacio de San Carlos... de Bolívar. Allí, sus talentos físicos y sus habilidades políticas le permitieron saber del descontento en casi todos los estratos… Los soldados, se quejaban por el atraso en los pagos, las mujeres: de la carestía, la aristocracia: de la pérdida de privilegios, los comerciantes: por el detrimento en sus negocios, y los intelectuales: por la falta de libertad. Enterándose además de una conspiración, en la que estaba implicado Santander. Fue asi como, el 25 de "setiembre", en el Palacio de San Carlos, la acción premeditada de Manuela, quien hizo que el libertador huyera por la ventana y distrajo a los conspiradores que entraron al palacio para asesinarlo, logrando así, que saliera ileso, por lo cual fue llamada por Bolívar «la libertadora del Libertador».

En enero de 1830, Bolívar renunció a la presidencia, y poco después viaja a Santa Marta donde muere el 17 de diciembre. Desde su partida, Vicente Azuero se encargó de los ataques contra Manuela, incitó a la gente a manifestar su descontento con ella, mediante carteles, "papeluchas" y actos como la quema de muñecos en la fiesta del Corpus Christi, personificando a Manuela y a Bolívar bajo los nombres de Tiranía y Despotismo... Sin embargo, Manuela recibió el apoyo del sector que menos esperaba, las mujeres: «Nosotras, las mujeres de Bogotá, protestamos de esos provocativos libelos contra esta señora que aparecen en los muros de todas las calles [...] La señora Sáenz, a la que nos referimos, no es sin duda una delincuente». El gobierno estuvo a punto de considerar éste y otros llamados de "las mujeres liberales", como ellas mismas se llamaron, pero un folleto, "La Torre de Babel", escrito por Manuela Sáenz, en el que no sólo ponía de manifiesto la ineficacia e ineptitud de los rectores del gobierno, sino que revelaba sus secretos; hizo que se le acusara de actos «provocativos y sediciosos», y se procediera a encarcelarla, por lo menos virtualmente.

En los últimos días de 1830, Manuela intenta llegar a Santa Marta para cuidar la salud de Bolívar, pero sólo llegó hasta Honda, donde recibió la noticia del fallecimiento de Bolívar por una carta de Louis Peru de Lacroix: «Permítame usted, mi respetada señora, llorar con usted la pérdida inmensa que ya habremos hecho, y que habrá sufrido toda la república, y prepárese usted a recibir la última fatal noticia» (18 de diciembre de 1830)… Desde este momento, Manuela perdió su objetivo en la vida y la persecución no cedió... El 1 de enero de 1834 Santander firmó el decreto que la desterró definitivamente de Colombia. Fue a Jamaica y luego a Guayaquil, a donde llegó en octubre de 1835, pero el gobierno de Ecuador no la quería, así que viajó, entonces, a Paita, un puerto en el desierto peruano sin agua y sin árboles... Donde, en un desvencijado edificio, se leía: «Tobbaco. English spoken. Manuela Sáenz». Sumida en la pobreza que la acompañó durante los últimos años, y finalmente también la invalidez. Así, inválida, pobre... acabó la vida de Manuela Sáenz, víctima de una extraña epidemia,
el 23 de noviembre de 1856, al parecer difteria, que llegó al puerto en algún ballenero.


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